La mujer que me enseñó a leer me dijo que hay palabras que se besan; que no hay eses solas sino continuas como caricias. Me dijo que la voz tenía ocultos recursos que son capaces de matar, tanto, como destensar y tensar músculos sin trayectoria; Decía que tiene medios y esquinas, miedos y espinas que es mujer y hombre, que es sexo, en fin. Me dijo que en susurros límpios pintaría violeta, y ronca manchaba desgarrando las paredes de un pecho virgen de poesía con voz. Las pausas son engaños imposibles, tiempos sonoros de pisadas a ciegas, "y quizás soy muy jóven para leer, señora, quizás me falte el porte, la media sonrisa" La voz sabe mentirle a la piel, son ondas calientes de ritmos al bisturí. Las palabras, decía, son las manos que desnudan al inconsciente; Ya entré y salí de tus oídos, ya vine y fui.