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Mostrando las entradas de mayo, 2009

T-II

La mañana siguiente, Alejandro Montero y Sierra amaneció tieso al lado del colchón de Tiresias. Para darse cuenta, el ciego incrédulo golpeó varias veces el cuerpo del perro con sus pies. El perro estaba a medio mojar, la noche anterior había caido un aguacero de madre que había inundado la mitad de la casucha. Despues de aceptar que Alejandro no se levantaría a comer con los demás perros, Tiresias estuvo unos 4 minutos cagándosele en la madre al pueblo entero, y a la gente que sin merecerlo más seguía viva mientras su compañero, que lo más que había hecho en pecado había sido en su juventud morderle los tobillos a alguna vieja presentá, yacía tieso al lado de la cama. A Dios no lo iba a mencionar que ya había pasado tiempo en que se llevaban como mierda (desde la muerte de Coral, su esposa que murío de una pulmonía y ni asi se perdía las misas del pueblo). El viejo se levantó a buscar la pala y arrastró al perro por una pata, que ya no pesaba tanto. Los otros seis perros le brincaban ...