Una espuma de oscuridad y silencio me invade el cuerpo. Como agua llegando al cuello, como muerte lenta, a c e l e r a d a. Entre, sentir (no siento nada), escucho: ralladura, los huesos. Frío. Insuperable fantasma de fatiga orgánica; no tengo sino trazos de hilos, deshilados a la fuerza, orina guardada en la vejiga, se retiene, me pudre. Siento tristeza de cuerpo, miedos de cintura, cintura y nada. Tengo un escape, un agujero por donde sale la amargura, la cordura, ríos de sangre coagulada. (Siento y no siento nada) Se repite en mis oídos, sudor de aguas negras que secan mi cara. Ojos que escupen lejos la agonía de estar vivos, los siento y siento cinturas, cientos y no siento nada, sino silencios, deshechos, silencio, la carne maltrecha que quiere morir aquí. No siento sino cientos de cinturas sentadas sacándome a vómitos el poco aire que me queda. Aquél extremo de la cavidad de mi cuerpo ya no existe, se me ha torcido hasta la conciencia de consumirme. (Foto por AJL)