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Mostrando las entradas de septiembre, 2010

A mi abuela

La asonancia de aquellos abrazos, siempre racionados (yo tuve algunos) y aquel ceño que fruncido descubría (o condenaba) a todo aquel que iluso tratase de engañarla. ¿Entienden lo quebrado de una mano que señala su tristeza? ¿Saben perdonar (de verdad) a quién nunca quiso darse por entendida?  Hacía falta la distancia (y cuánta) hay cosas que no pudo evitar la soledad; El deterioro de un cuerpo en inercia, los llantos de la noche, el frío en los huesos, el agua, la ausencia de sueños, puñaladas de esófago; y faltaron los miles de ojos que hoy miran y esperan, y esperan. ¿Y los míos? Diles que nunca te faltaron los míos, ellos lo saben y se mienten por vergüenza . Diles lo mismo que en vida, que aunque hay muy pocos que merecen tu amor, hay. Lo siento, no me sale dibujarte frágil sin antes escribirte victoriosa, y no me sale tampoco repartir aureolas que se manchen de polvo cosmético. Yo sé que igual que tus abrazos tú, toda, eras racionada; por eso supe no condenarte cuándo decías qu...