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Mostrando las entradas de 2012

Tu turno

Dios está sentado con la humanidad frente a un tablero. La humanidad: -Pssst. Mira, es tu turno. No te he dejado de rezar, y es tu turno hace como dos mil años. Dios se sacude un poco. -Pues mira, voy a confesarme. No encuentro los dados. -¿Qué? -Que no sé donde coños los puse. De momento pensé que los tenías tu y te estabas haciendo la pendeja. -Y yo que pensé que estabas pensando tu próxima jugada. Que cabrón eres. -Eje. No te safes. -¿Qué? sin dados no podemos jugar. ¿qué vamos a hacer? -No sé, de verdad que no sé.  -Mira, tenemos muchos problemas qué resolver, yo sigo cambiando, crezco, a veces parecería que no avanzo, pero sigo, y tu igualito, inmóvil, en silencio. Tienes que hacer algo o me levanto y me voy. -¿Qué? ¿pero cómo te atreves? -No digas eso porque tu sabes que estado aquí esperando para que me salgas con esta de los dados, ¡dios sabe dónde! ah no, no sabe.  -Pero que adulto cínico te haz vuelto.  -Bueno ya. ¿Qué vamos a hacer? -Vamos a v...

La caperucita

Si dormía era para soñar que me metía en el bosque y caminaba dentro. Y sin darme la vuelta sentía al lobo susurrando sobre mi hombro. Así, en sueños, se pueden hacer cosas que no se deben.

A las niñas de ojos amarillos

Marianela tiene carita de culebra y actitud de sol. A uno le pareciera que si la pierde de vista te quema la casa, o te clava un diente. Está envenená desde los dos años, una pena, tan chililín y estreñida de los ojos; rarísimo sacarle una sonrisa, y si se da, ruegas del susto que se acabe lo más pronto posible. No llora, pero te das cuenta si está molesta porque te clava las pupilas, y te sientes pequeño, como un pedazo de mierda. Y así, pasa todo el día fruncida como si le doliera la postura  (de momento a uno de mirarla), y de un cabezazo te pegara los cuernos. Yo que la abrazo a ver si se le rosean los cachetes, pero chilla, chilla y se mora como si te maldijera y si fueras hielo tratando de quebrarla a besos. Se le pega el pelo a la frente y se esconde. A veces pienso que se va a tomar respiros en las esquinas de la casa, a pensar como salirse de su cuerpo o acomodarse en la piel.

The little man

The little man with the big Shadow prays that his skin is not his weakest wall. You see,      he's almost done destroying everything else,         Been         changing clothes for bigger, shinier, colorful, scary jackets (and just so his reflection is sober) the topperest hats he wore; he designed (oh don't you know?) every big shadow worn (out) by little men need at least someone to fear him (oh!) and shoes with    heals, of course.

Frutal caribeño I

Se ha hecho dulce hilar mariposas. Las puestas de luna, y asenso del día cobijan la oscuridad: ya no importa si importa, lo sensible es pagano, insulso, poco comerciable. Ah, pero el filo de un puñado de angustias, el recreo del golpe; agradecemos penínsulos las muestras de encogimiento. Yo estoy cansada de sentarme a esperar si te veo, si lograste cruzar la puta calle sin derramarte. Y cada espalda es mula o torso o muralla; y sobrevivir es una hazaña admirable en lo grueso de la carne, y a veces, del cansancio cerramos los ojos rogando despertar, y por dentro nos hincan las pestañas. (se desahucia a golpes el pecho) Aquí confianza es un mito cruel, y la hicieron los otros; y mirarte es un respiro imposible, pero es el único que queda. Acostumbrados al miedo, nos hace falta, nos entretiene buscar amigos en los edictos, eso es. Hay una necesidad hambrienta de acabar primero, de cerrar de pie. Así es tierno huir. (sonríen) Me harto. ...

T-III

Pasó el año. Las madrugadas en las montañas que quedan en Caimito son de película. T odo se pone en cámara lenta. Se define cada trazo de pastizal. Casi todas las mañanas llueve, pero en año nuevo es especial. A eso de las seis y veinte, seis y treinta y cinco, empieza una llovizna: una plancha de vapor frío fumigando las montañas. Los perros de Tiresias se estiran, bostezan aprovechando ese primer trago de agua fría para aflojarse las mandíbulas. Para ese entonces el viejo ya se está preparando el café, lleva rato despierto y se sienta, como todos los días, en el sillón del balcón, pone la radio y los perros le adornan (los seis que le quedan). Baja la radio. "Barrabás, te toca dormir adentro. No me fío de este chorro'e cabrones del pueblo" Barrabás termina el bostezo, y como que asiente. Sube la radio. Ahí mismo, tobías, que lleva una semana media ronco empieza a ladrar, y claro, los demás siguen, como pueden. Alguien llega. Tiresias se levanta del s...