El viento se dedica a acariciar el anciano pelo que sedujo. Son siempre familiares los mismos recuerdos que convencieron el turno pensando, (remedio), ser los últimos de un suspiro. No se puede, no dijiste, lo supe luego. El juego, la caricia interviene, se desviste antes que los cuerpos, ante los anticuerpos que no protegen la fierecilla (no se puede, no dijiste), supe luego que repites una y mil veces, no importa cuantas víctimas revienten en tu suelo, el anzuelo azul de madera mojada necesita bocado.
Exposición de trabajos escritos, poesía, cuentos, ensayos, pensamientos.