Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de febrero, 2009

T-I

Habían unas catorce casas en lo que alcanzaba la vista. Divididas todas por caminos dispares, faltos de brea o cemento, sólo unas cuantas piedras enfilaban el camino y lo hacían terco de resbalarse. Había una casita tan lúgubre como las otras trece, con el techo de zinc, y las paredes hechas de tronco mal cortado. Allí vivía un viejo ciego que no se apartaba de sus siete perros sarnosos (colibrí, manchitas, tobías, tuerta, barrabás, gorda y Alejandro Montero-Sierra; este último, el más viejo, vivía dentro de la casa). Al viejo Tiresias no le gustaban las visitas, ni muchísimo la gente en general. Lo único que le gustaba hacer era hablar con los perros, salir a las 7 de la mañana al balconcito a tomarse un café puya y pelar a los vecinos a gritos cada ves que los escuchaba murmurar. El viejo tenía un periodiquito que se había inventado; escuchaba la radio todas las tardes, (con el que también sostenía discusiones interminables) y después se sentaba escribir una circular a maquinilla, ca...