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Mostrando las entradas de julio, 2012

Tu turno

Dios está sentado con la humanidad frente a un tablero. La humanidad: -Pssst. Mira, es tu turno. No te he dejado de rezar, y es tu turno hace como dos mil años. Dios se sacude un poco. -Pues mira, voy a confesarme. No encuentro los dados. -¿Qué? -Que no sé donde coños los puse. De momento pensé que los tenías tu y te estabas haciendo la pendeja. -Y yo que pensé que estabas pensando tu próxima jugada. Que cabrón eres. -Eje. No te safes. -¿Qué? sin dados no podemos jugar. ¿qué vamos a hacer? -No sé, de verdad que no sé.  -Mira, tenemos muchos problemas qué resolver, yo sigo cambiando, crezco, a veces parecería que no avanzo, pero sigo, y tu igualito, inmóvil, en silencio. Tienes que hacer algo o me levanto y me voy. -¿Qué? ¿pero cómo te atreves? -No digas eso porque tu sabes que estado aquí esperando para que me salgas con esta de los dados, ¡dios sabe dónde! ah no, no sabe.  -Pero que adulto cínico te haz vuelto.  -Bueno ya. ¿Qué vamos a hacer? -Vamos a v...

La caperucita

Si dormía era para soñar que me metía en el bosque y caminaba dentro. Y sin darme la vuelta sentía al lobo susurrando sobre mi hombro. Así, en sueños, se pueden hacer cosas que no se deben.

A las niñas de ojos amarillos

Marianela tiene carita de culebra y actitud de sol. A uno le pareciera que si la pierde de vista te quema la casa, o te clava un diente. Está envenená desde los dos años, una pena, tan chililín y estreñida de los ojos; rarísimo sacarle una sonrisa, y si se da, ruegas del susto que se acabe lo más pronto posible. No llora, pero te das cuenta si está molesta porque te clava las pupilas, y te sientes pequeño, como un pedazo de mierda. Y así, pasa todo el día fruncida como si le doliera la postura  (de momento a uno de mirarla), y de un cabezazo te pegara los cuernos. Yo que la abrazo a ver si se le rosean los cachetes, pero chilla, chilla y se mora como si te maldijera y si fueras hielo tratando de quebrarla a besos. Se le pega el pelo a la frente y se esconde. A veces pienso que se va a tomar respiros en las esquinas de la casa, a pensar como salirse de su cuerpo o acomodarse en la piel.