Marianela tiene carita de culebra y actitud de sol. A uno le pareciera que si la pierde de vista te quema la casa, o te clava un diente. Está envenená desde los dos años, una pena, tan chililín y estreñida de los ojos; rarísimo sacarle una sonrisa, y si se da, ruegas del susto que se acabe lo más pronto posible.
No llora, pero te das cuenta si está molesta porque te clava las pupilas, y te sientes pequeño, como un pedazo de mierda. Y así, pasa todo el día fruncida como si le doliera la postura (de momento a uno de mirarla), y de un cabezazo te pegara los cuernos. Yo que la abrazo a ver si se le rosean los cachetes, pero chilla, chilla y se mora como si te maldijera y si fueras hielo tratando de quebrarla a besos. Se le pega el pelo a la frente y se esconde. A veces pienso que se va a tomar respiros en las esquinas de la casa, a pensar como salirse de su cuerpo o acomodarse en la piel.
No llora, pero te das cuenta si está molesta porque te clava las pupilas, y te sientes pequeño, como un pedazo de mierda. Y así, pasa todo el día fruncida como si le doliera la postura (de momento a uno de mirarla), y de un cabezazo te pegara los cuernos. Yo que la abrazo a ver si se le rosean los cachetes, pero chilla, chilla y se mora como si te maldijera y si fueras hielo tratando de quebrarla a besos. Se le pega el pelo a la frente y se esconde. A veces pienso que se va a tomar respiros en las esquinas de la casa, a pensar como salirse de su cuerpo o acomodarse en la piel.
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