“Carmen, despiértate, creo que escuché algo.”
“Nene, acuéstate a dormir, por favor.”
“¡Cht! Te estoy hablando enserio”
“¿Qué fue?”
“Algo grande. No sé. Sonó grande. Dame un break”
Hombre, en sus treinta y pico, se levanta de la cama con cuidado de no hacer ruido.
Va a la ventana y se asoma afuera, empieza a llover. Mientras, Carmen se sienta en la cama, se acomoda el pelo detrás de las orejas. Toca el teléfono en la mesita que tiene al lado.
“Son las 3 y cinco, ¿no será la vecina nueva?, a lo mejor llegó ahora”
“Puede ser. No sé. No, no puede ser eso. ¿Tu no escuchaste un cantazo bien fuerte? Como un camión de esos que levantan los cajones de basura, o ¿un choque?, no sé”
“¿Quieres que salga afuera?
“Yo salgo contigo”
Carmen suspira como para coger impulso y se levanta de la cama.
“Wepa, ¿Cómo está esa cadera?”
“Ahí ahí”
Carmen tiene puesto un camisón de seda color rojo, abre despacio la gaveta y saca un pinche de pelo, no tiene que hacer mucho esfuerzo para ser silenciosa. Se pone el celular en el bolsillo, se recoge el pelo, saca el revolver de la misma gaveta.
“Yo estaba pensando más invasión de extraterrestres, menos Gi Jane”
“Bueno, esta es mi casa, a mi no me importa si viene de Guaynabo o de Saturno, aquí no puede entrar”
“Chica, es vacilando”
Carmen inmediatamente se arrepintió de la sed puñetera que la hizo invitar a semejante machosario a la casa.
Caminan hacia el pasillo, Carmen al frente. El apartamento es pequeño, lo que tiene es un cuarto.
“No puedo estar loco, te juro que escuché algo raro”
“Pueden ser muchas cosas”
Está muy oscuro. A penas se puede ver bien. Carmen prende la linterna del teléfono, pero tapa gran parte con la mano para que no se vea tanto.
“La puerta está abierta” efectivamente, la puerta de entrada estaba entreabierta.
Con una mezcla de ira y frustración, Carmen cierra la puerta.
“¿Cómo va a ser?”
“Pues mira.”
Carmen prende la luz de la sala.
“Yo te juro que la cerré, Carmen. Yo no puedo ser tan anormal”
“A lo mejor fue el viento, empujó la puerta y eso escuchaste.
¿Qué te pasa? ¿Porqué pones esa cara?”
“Carmn…” el muchacho se le ve semblante de cagazón mientras señala una figura en medio de la sala, de pie. ¿Un hombre? Alto, más de 6 pies de seguro, con sombrero y poncho de lluvia color negros, goteando, no se mueve, no dice nada.
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