
Te busqué,
caída entre el discurso del porqué,
y los por cuántos.
Te encontré
amarrado a la columna
del teatro,
de los que se hacen fuertes
con el golpe.
Con los pañitos atados a la cara
y las muñecas entumecidas
llamando al filo.
Estuve,
entre el sucio
patíbulo de ecos
malhablados,
y con ellos,
canté su canción,
de quejas y
elefantes de telarañas.
Me sequé el orín de los pantalones
al verte,
un poco por el bochorno
te enseñé los dientes,
a ver si querías un beso.
Tú,
no te diste cuenta de nada,
ni yo lo quería
pero te busqué,
y ajena al cambio,
me limité a vivir
sin saber qué era.
Dejé de buscarte.
-AJL
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