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Después de doce tragos, Marta había decidido que el león del circo le estaba pidiendo ayuda y necesitaba ser liberado. Jenaro el león, la miraba de reojo mientras continuaba lamiendo su pata, tratando desesperadamente de aliviar el calor infernal de las cuatro de la tarde en Cayey. Marta se puso de pie, y chocando con sus propios zapatos dio tres pasos hasta agarrarse de una mesa. Jenaro detuvo su baño por un instante para mirarla, pensando “¿qué carajos le pasa a Marta hoy? Marta comenzó un discurso de lengua pesada, contra la colonia, contra la miseria del capitalismo y su explotación a todos los seres vivos. Ella y Jenaro eran dos pájaros en la misma jaula, dos compañeros oprimidos por el mismo látigo, o algo así, no que el león o cualquier otro ser vivo pudiese descifrar sus balbuceos. Jenaro se cansó de mirarla y continuó lamiendo su costado. Marta soltó la mesa para dar tres pasos más, esta vez hacia la jaula, pero terminó en el piso. Con la cara en el fango, tre...

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AlóN*