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rabieta



estaba tirado en el suelo, con las agujitas de marfil cociéndole la espalda. estaba hilándose el pelo, estaba curándose las manos con almívar, lo hacía todo desde la misma esquina de castigo, y esperaba que una sombra le acercase el cambio, que llegara a darle los brazos, a cubrirlo de ojeras estiradas del cansancio. ya no estaba muy seguro de las faltas, recordaba el grito, le latía el muslo, la cadera, la mejilla izquierda, sonrojado.

recordaba

que las lágrimas

ardían como

caminitos

de cera

ca

lien

ti

ta.

no había sana,

(sana curita),

solo la espera de una respuesta de chanclas piadosas,

cuando la calma llenara su pecho contraido.

después de que sus ruidos se hizo uno,

y cuando se hizo ausente, entonces, sólo entonces

vino abuela,

con los brazos y los ojos

buscando frentes qué besar.

Comentarios

edmaris dijo…
Hola Astrid, no sé si te acuerdas de mí, soy una prima lejana, mi mamá es prima de tu mamá. Espero estés bien. Estoy intentando un blog, así que te agradecería le eches un ojo y me sugieras cualquier cosa ya que tú estás más experimentada que yo en estos lares. accede a siemprejueves.blogspot.com
gracias!
Santey Herco dijo…
Estamos roncando los ultimos golpes. Estamos cobrando al desahucio los cabellos sueltos. Estamos cuidando con un pedazo de palma a la llamita que nos prende los ojitos de vela, para al ir abriendo el mantel sobre la mejilla y sentirnos un tantito vivos.
Compañera, esto está increíble. No se me ocurre otra forma de describirlo.
*Noreangélica
Lugosky dijo…
¡Gracias a Dios por esas señoras que tanto nos mal acostumbran!

¡Gracias a Dios por tan prolíferas palabras y descripción!
Anónimo dijo…
Me gusta éste.

Un saludo.

-J
Anónimo dijo…
Bello! Casi me haces sacar lagrimitas, jejejeje