
Fue aquella noche que se hizo mañana...
Tal vez aquella tinta que "purpureaba" nuestros labios, susurró inconciencia en nuestras lenguas...
Pero, para mí fue más que eso, estaba todo tan puesto, tan perfecto, quizá, como mandado a hacer.
No escribo esto para que te sonrojes, más bien, para en silencio, no dejarlo ser un recuerdo; para que pase a discutirse mas allá de nuestras miradas.
Quiero recordarte como aquella noche, cuando poco a poco, te atrevías decirme con claridad lo que pensabas; cuando te atrevías a clavarme los ojos, unos segundos atrevidos... Cuando te atrevías a respirarme más de cerca, con la agonía infantil de un pudor extraño que ahogaba al deseo.
¿Tus besos? esas manos ajenas que adornaban mi cuello, que me erizaban los sentidos... No sabía qué esperar, y a la vez no esperaba nada...
Recuerdo nuestro dilema (uno de ellos), aquel edificio al que yo insistía darle un carácter religioso, a mi derecha, y a tu izquierda, según nos encontrábamos... ¿Morboso, en cierto sentido?, obvio que no se podía ocultar de estos pensamientos derramados... Y sólo por si acaso te da por preguntarme: que maravilla tus ojos si me miran, no en balde los recelas constantemente, su brillo podría cegarme y enamorar a cualquier presa...que peligrosa energía transmiten, casi salvaje...
Ninguna de estas cosas te las voy a decir, de todas formas, sé que no me las vas a preguntar... ¿o sí?...
Hoy te veo, y soy yo la que temo mirarte... y disfruto de sonrisas que se me escapan del recuerdo... y tú, ¿te acuerdas y sonríes?, ¿o soy yo en mis fantasías?... es probable.
Atesoro tus besos, tus roces, el mutuo menudeo, la presencia insistente de la iglesia, todos los detalles...
Y te regalo esto... para que me vayas conociendo...
Por aquella noche que se hizo mañana, yo me levanté enferma, pero gracias al "agua del Papa", no peor de lo que pudo haber sido... tú lo sabes... yo no soy cristiana, ni nada parecido, pero bueno... allá cada cual con sus inventos...
Un abrazo, amigo, es lo más "sano" que puedo ofrecerle...
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