Una mujer delgada de unos 32 años entra a su casa, aparenta haber llegado de su trabajo. Saluda a su perrito salchicha, suelta su cartera azul, y se percata que la puerta de su cuarto está semi-abierta (con la condición de obsesión compulsiva de su esposo, esto le parece muy extraño). Entra a su cuarto (como respondiendo acertijos) y sobre la “coqueta” encuentra una nota que lee;
Vivir contigo nunca fue fácil, pero estábamos enamorados y así se dio. Verte despertar por las mañanas era mi droga favorita; tu piel tan blanca y desnuda, los lunares de tus hombros, tu pelo enmarañado estrangulando tu largo cuello, tus pies buscando abrazar los míos, y la media sonrisa justo antes de abrir los ojos. Era impresionante. Sí, las mañanas eran una delicia, todo contigo al principio. Pero entonces pasó el tiempo, y nos hicimos distantes. Tus ojos devolvían reflejos vacíos, y ya no buscabas el roce de mi antebrazo. Está bien, nunca pensé que duraría para siempre, pero tampoco esperaba que fuera tan desastroso. La decadencia iba de la mano con él. Desde que entró a nuestro hogar no me miras igual, a penas sonríes si se ausentan sus brazos; todo lo que él hace te parece gracioso, todas tus sonrisas son suyas. Me desespera la injusticia de que el último bistec de la cena le toque a él, el último beso, la última caricia, todo al fin y al cabo desemboca en su felicidad, ¿dónde quedo yo Rosita?; ¿Sabes que se llevaba mis zapatos al patio y los orinaba a propósito?, luego se escondía detrás de tus tobillos con la cola entre las piernas y su cara de ángel. Al principio a mí también me convenció su semblante de ingenuidad y desamparo, pero luego me di cuenta de sus maquiavélicas intenciones. Y es que no entiendes, Rosita, poco a poco “calixto” me ha quitado tu amor (lo peor de todo es que no necesitó a la Celestina). No puedo sacarme de la cabeza aquel día que te encontré abrazada a él dormida en nuestra cama, (él no estaba dormido, Rosita, él abrió los ojos y me meneó la cola burlonamente). Quizás te parezca que exagero, pero no es así. Lo único que he hecho es amarte, y a medio tiempo, soportarlo a él. Siento mucho lo que te estoy haciendo, pero no tengo otra salida, no puedo compartirte con él, no quiero limpiarle la mierda por las mañanas, ni bañarlo los fines de semana (tampoco quiero verte a ti haciéndolo). Esta es mi carta de despedida, me mato, y es por su culpa. Espero que los perros no lleguen al cielo Rosita, allí estaré para ti siempre.
Tu amado, Felipe.”
Rosita abre los ojos como “pesca’o de frizer” - “¿Felipe, dónde estás?!”. En ese momento, calixto, el perro salchicha del demonio, entra al baño y comienza a ladrar. Rosita entra corriendo sin saber qué esperar de la próxima escena. “¿mi amor?”.
Ve el cuerpo de su esposo tendido en el suelo del baño, busca rastros de sangre, potes de pastillas, pero nada, sólo el tubo de la cortina de ducha se había caído, y su cuello seguía atado a una media nylon color negra. “Felipe, mi amor, ¿todavía estás vivo?” Cuando abre los ojos lo primero que ve es a calixto, ladrándole como de costumbre. Felipe está llorando, ya es la tercera vez en una semana y no lo logra.
Comentarios
las imagenes estan buenas pero pueden mejorar, mas elaboradas pues , pero esta bien tal vez me afecta que antes de tu cuento lei a cortazar jajaja es el primer cuento que leo de tu autoria y me gusto
Quiero Mas! RUSH!