Se cae el cielo,
aplasta todo con su silencio.
“Te puse un pan de pasas en la mochila,
acuérdate que está ahí, por si te da hambre.”
Tiembla.
No sé si es mi pecho o es fuera,
todo tiembla.
Ella es lo único que permanece en calma,
escucha,
observa,
se mueve.
No amo a nadie como a mi mamá,
es la única que me entiende,
es la única que quiero que me abrace cuando tengo miedo.
Ahora no recuerdo ni una sola vez que discutí con ella.
“¿Estas bien?, es normal tener miedo”
Debí haberme llevado agua,
¿cómo se me ocurre dejar el agua?
Hay cosas que no pueden perdonarse.
A él, no le perdono que se quede, ni el sentido de responsabilidad que me exime.
No puedes decir nada para convencerme.
Mi patria es tu boca, mi casa tus brazos.
Yo lucho por nosotros, por la vida que me da respirarte,
por tener un día más para luchar contigo,
para abrazarte.
No por la bandera, ni por el suelo que la sostiene.
Tu me enseñaste que se lucha con la vida, por amor,
y que hay gente que se miente creyendo que los muertos luchan.
Tengo sed
no veo
el pecho se me llena de oscuros.
El corazón en la garganta,
“¡Mamá!”
esa no fui yo,
no creo.
Me abraza,
es ella,
siempre sé cuando es ella,
me rindo.
Todo se cura con su abrazo,
hasta la guerra.
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