¿Te acuerdas cuándo me pusiste esto? Era viernes, recién llegaba del trabajo toda hecha cantos y me dijiste que querías que fuéramos a Plaza, disque al cine.
“¿A Plaza a las 6 de la tarde? Tú sabes cómo se llena eso” yo no quería salir a ninguna parte, mucho menos a las tiendas, pero como siempre, me convenciste con payasadas y nos metimos en el tapón. No había tristeza en aquellos días, lo sé bien ahora que no te tengo, éramos felices, Gabriel, como dos idiotas quecaminan sin mirar y se dirigen a un precipicio.
Entramos.
Naturalmente, medio país estaba en las tiendas. Era muy temprano para las tandas y me dijiste que nos fuéramos a explorar. Explorar contigo era lo mejor del mundo.
“Vente, vamos a mirar ahí” a la tienda de las prendas, Gabriel, qué mamona soy “¿Pa’qué?” te dije, “Macharranerías mías, qué sé yo. Dale, compláceme. Si te regalara un anillo, ¿cuál de estos no te quitarías nunca?”
Me animé. Yo pensé que estábamos jugando, como cuando a la tercera cita me trajiste uno de plástico y me juraste amor eterno.
“No me pondría nada grande, me daría mucho stress andar con eso en la calle.”
“Yo sé, ¿y este?”, ahí estaba, el que era, pequeñito, simple, me lo pusiste con gesto ceremonial, morí de la risa. Allí lo dejamos y nos fuimos al cine. Jamás pensé que lo habías ido a comprar después. Llevábamos muchos años juntos, no sabía que te querías casar.
Hoy no estás y se me cae el mundo de mirarlo. No tengo más nada de ti, ni hijos, ni gato.
Tengo el terror de que se me resbale cuando me bañe, (he perdido peso, me baila en el dedo), pero no me lo quito. Tengo tanto miedo de dejar de sentirte.
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