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A mi hostigador de compromisos previos...


¿Qué clase de porquería es ? ¿Para qué insiste con tanta desequilibrada justicia?
Anormal es el nombre que le distingue.
Y juntemos sus palabras para ponerlo en evidencia y así denunciar su malde ideas, repitamos todos los leyentes a coro y en voz alta sus propios esfuerzos salivales, pues poco estimo porque poco valen.
Y por aquello de bañarlo en su propia vergüenza, inmortalícese en la historia que fue hombre de muy, muy poca... Pues llegó aquel día con la cara, (o más bien, sin ella) para cometer su eterna falta. Y su cuerpo lagartijuelo proponía inmoralidades edificadas por su propia inventiva. Y dijo pues, que su pasión era eterna , aunque no se llamaba amor, porque poco conocía del término, y que incontables veces por esperar una respuesta mía, dilataba el tiempo. Y ahora bien por ser caritativa, por ser mis palabras muchas veces mejores que las desacreditadas tuyas, pongo las suyas con mejor aspecto, por ser yo quien las repite, no se vaya a pensar que igualo su inteligencia o la considero...
Y entonces comenzó a hablarme de sí mismo, como si alguna vez lo hubiese dejado de hacer. Y se puso en un pedestal para ver cuan baja era mi estima, y cuan alta su calidad, cosa que, en el momento, le pareció correcto, ya que su capacidad es muy pobre de creatividad y muy alta de apatía; más aun cuando es al rededor de este tipo de cosas.
Y por no mentir digo, que pensé que tal vez se podría hacer un arreglo (tal vez por algún tiempo), pero tardó quizás unos segundos en quitarme la idea, cuando volvió a abrir la boca para decir más cosas suyas, y entonces dijo que tenía con quién compartir su menudeo, y me enseñó a la desdichada víctima en imágenes, como juzgando mis valores con otros y con los suyos, como proponiendo una jugada deshonesta. Me sentí insultada. No sé con quien cree que trata. Se nota de la superficie mi hondura, mi sobrada complejidad. Y muy poco por respetarle a ella, sino por honestarme a mi, que soy el sujeto y predicado de coloquios particulares con usted. Y en contestación a su insuficiente sarta de desatinos, propongo algo avispado; Por amor propio, (si es que no encuentra otra razón), siéntese a empaparse de emociones, sufra, que eso es lo que nos hace ser humanos, muérase en manos de quien lo abraza, aunque este otro no esté dispuesto a hacer eso por usted; desángrese en palabras pueblerinas, acuéstese en la tierra como si de ella pendiera su vida. Acuérdece al mirar al cielo, que estamos todos en un punto de la nada, suspendidos y en dirección a lo que no sabemos; que nuestra vida no se resume en un trabajo, una familia, una buena noche o un trago... Sino en mucho más que eso. Mire que aunque uno piense que el mundo de uno es único, las personas son capaces de pensar y sentir tanto y muchas veces más que uno. Júzguelo todo como no se lo dicen, como no se lo asoman; haga sus propias expectativas... sea creativo, trate de soñar lo imposible, que es un término que se desestima todos los días un poco más. Y entonces, cuando ya le duelan de llorar los ojos, y los pies de caminar a ciegas, siéntese a hablar conmigo, porque es de eso que se compone la vida, eso es amar, dolor, dolor del bueno y útíl, del que nos destruye en apariencias, cuando nos hace más sensibles, dignos. No es nada parecido a querer, es padecer; no es una tos, es la enfermedad manifestada en todo el cuerpo y peor, en el alma. Pero con todo y lo horrible que debe sonar, es la psicósis más sabrosa y necesaria. Sé que haz sufrido, por que nadie camina por la tierra sin pisar una piedra, pero a veces subestimamos la escencialidad de esos seres que nos pasan por el lado todos los días, y que no nos molestamos en conocer, pero conocer de sufrir como ellos sufren lo que ellos sufren, aunque de una manera superficial probablemente. Piensa y entiende que la historia de tu vida es importante escribirla bien, pero más allá de eso, piensa y entiende que la historia de la vida de las personas que están a tu lado es maravillosa, y que sería maravilloso también que te recordaran de una mejor manera, una de calidez por ejemplo, que te extrañen tan siquiera por haberte visto en un limitado tiempo. Enmárcate en la mente de las personas, como también haz de sus vidas la tuya.

Atentamente y sin expectativas de una contestación;
Astrid J. Lugo
Lunes, 8 de noviembre de 2004

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