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Entradas

La visita

Desde ayer temprano, e stuve recogiendo y limpiando cada esquinita del apartamento para lograr la mejor impresión. Escogí la ropa correcta, un vestido de flores por debajo de la rodilla  (nada muy sexy, o exageradamente recatado) , zapatos cerrados, no me olvidé de pintarme las uñas de un color neutral,  y  por supuesto, nada en la trastera y una nevera con lo esencial.  Hoy  mi suegra  visita nuestro apartamento, y si, estoy nerviosa.  Por lo general, el s ú per poder de mi suegra se manifiesta en magnificar las imperfecciones que ve. Pero  ya.  Ya no hay nada qué hacer, ya está subiendo por las escaleras al tercer piso, maldiciendo cada escalón, de seguro.  S igo s entada en mi pequeño mueble de Ikea  frente a la puerta de entrada , no puedo evitar repasar: los   hampers ,  ¿llegué a vaciarlos?, la basura se sacó, el piso, la cocina, ay, sobre todo, la cocina va a ser inspeccionada, y esta señora tiene  la  len...

El que era

¿Te acuerdas cuándo me  pusiste  esto? Era viernes, recién llegaba del trabajo toda hecha cantos y me dijiste que querías que fuéramos a Plaza, disque al cine.  “¿A Plaza a las 6 de la tarde? Tú sabes cómo se llena eso” yo no quería salir a ninguna parte, mucho menos a las tiendas, pero como siempre, me convenciste  con payasadas  y nos metimos en el tapón.  No  había  tristeza en aquellos días, lo sé bien ahora  que no te tengo ,  éramos  feli ces, Gabriel , como  dos idiotas que caminan  sin mirar  y  se dirigen a un precipicio .  Entramos. Naturalmente, medio país estaba en las tiendas. Era muy temprano para las tandas y me dijiste que nos fuéramos a explorar. Explorar contigo era lo mejor del mundo .  “Vente, vamos a mirar ahí” a la tienda de las prendas, Gabriel, qué mamona soy “¿ Pa’qué ?” te dije, “ Macharranerías  mías, qué sé yo.  Dale, compláceme . S i te regalara  un anillo , ¿...

Capítulo 1 - 3:02AM

“Carmen, despiértate, creo que escuché algo.” “Nene, acuéstate a dormir, por favor.” “¡Cht! Te estoy hablando enserio” “¿Qué fue?” “Algo grande. No sé. Sonó grande. Dame un break”   Hombre, en sus treinta y pico, se levanta de la cama con cuidado de no hacer ruido.  Va a la ventana y se asoma afuera, empieza a llover. Mientras, Carmen se sienta en la cama, se acomoda el pelo detrás de las orejas. Toca el teléfono en la mesita que tiene al lado.   “Son las 3 y cinco, ¿no será la vecina nueva?, a lo mejor llegó ahora” “Puede ser. No sé. No, no puede ser eso. ¿Tu no escuchaste un cantazo bien fuerte? Como un camión de esos que levantan los cajones de basura, o ¿un choque?, no sé” “¿Quieres que salga afuera? “Yo salgo contigo”   Carmen suspira como para coger impulso y se levanta de la cama.   “Wepa, ¿Cómo está esa cadera?” “Ahí ahí”   Carmen tiene puesto un camisón de seda color rojo, abre despacio la gaveta y saca un pinche de pelo, no tiene que hacer mucho e...

Hay cosas que no pueden perdonarse

Se cae el cielo,  aplasta todo con su silencio. “Te puse un pan de pasas en la mochila, acuérdate que está ahí, por si te da hambre.”   Tiembla.  No sé si es mi pecho o es fuera,  todo tiembla. Ella es lo único que permanece en calma,  escucha,  observa, se mueve.  No amo a nadie como a mi mamá, es la única que me entiende,  es la única que quiero que me abrace cuando tengo miedo. Ahora no recuerdo ni una sola vez que discutí con ella.   “¿Estas bien?, es normal tener miedo”   Debí haberme llevado agua,  ¿cómo se me ocurre dejar el agua? Hay cosas que no pueden perdonarse.    A él, no le perdono que se quede, ni el sentido de responsabilidad que me exime. No puedes decir nada para convencerme. Mi patria es tu boca, mi casa tus brazos.  Yo lucho por nosotros, por la vida que me da respirarte, por tener un día más para luchar contigo,  para abrazarte. No por la bandera, ni por el suelo que la sostiene. Tu me e...

Aguas

Ha pasado mucho tiempo  desde que la ola besa la orilla.  Mucho  desde que se da entera y  se deja arrastrar  ¿entiendes?.  Una cosa es posarse y otra  muy distinta  es  sucumbir.

Respira

Las hormonas son una mierda. En serio. Puede que sientas que el silencio te estrangula. Que sin su boca no respiras. Puede, incluso que sientas que el pecho se te encoge con que mencionen su nombre, o con pensar que un día le encuentras y  ya no es el mismo. Es mentira. Pasa eso y es como una ola que te tumba, y sumergida a punto de rendir los brazos ya pensando que seguro te ahogas y ahí quedas, sales y lo primero que haces es tomar aire. (golpe de luz en la cara) Ahí te das cuenta que llevas tiempo sin respirar, sin preocuparte, sin tenerte a ti misma. Respira.

Canto Groggyriano

Hay cosas que he procurado no decir, querido; por ejemplo que la muerte  se respira como orgasmo, y que le tengo fijo debilidad  a ciertos ojos, pieles,  y sobretodo  pesados y jugosos  lóbulos frontales. Que se me hacen las rodillas terremotos cuando sudan de algunos labios palabras. Que no tengo placer si no es pensando en la recompensa que es  consumirles. Y si, es verdad que  hay gente que no tiene preferencia alguna o disciplina, que más bien se abalanzan a su presa sin lucubración (es el hambre). Y o pretendo entretenerme con el corte occipital, y embalsamarlo (si la dicha es buena), con aceite de trufas. Pero te cuento que te he visto callado, como contigo, meditabundo,  y me desvela. ¡Si deberías estar brindando por las cosas que pierdes por el camino! las que se pudrieron, ¿qué importan? Celebra conmigo que cada trozo es fresco, que haz logrado con la muerte, lo que tantos ...

Tu turno

Dios está sentado con la humanidad frente a un tablero. La humanidad: -Pssst. Mira, es tu turno. No te he dejado de rezar, y es tu turno hace como dos mil años. Dios se sacude un poco. -Pues mira, voy a confesarme. No encuentro los dados. -¿Qué? -Que no sé donde coños los puse. De momento pensé que los tenías tu y te estabas haciendo la pendeja. -Y yo que pensé que estabas pensando tu próxima jugada. Que cabrón eres. -Eje. No te safes. -¿Qué? sin dados no podemos jugar. ¿qué vamos a hacer? -No sé, de verdad que no sé.  -Mira, tenemos muchos problemas qué resolver, yo sigo cambiando, crezco, a veces parecería que no avanzo, pero sigo, y tu igualito, inmóvil, en silencio. Tienes que hacer algo o me levanto y me voy. -¿Qué? ¿pero cómo te atreves? -No digas eso porque tu sabes que estado aquí esperando para que me salgas con esta de los dados, ¡dios sabe dónde! ah no, no sabe.  -Pero que adulto cínico te haz vuelto.  -Bueno ya. ¿Qué vamos a hacer? -Vamos a v...

La caperucita

Si dormía era para soñar que me metía en el bosque y caminaba dentro. Y sin darme la vuelta sentía al lobo susurrando sobre mi hombro. Así, en sueños, se pueden hacer cosas que no se deben.

A las niñas de ojos amarillos

Marianela tiene carita de culebra y actitud de sol. A uno le pareciera que si la pierde de vista te quema la casa, o te clava un diente. Está envenená desde los dos años, una pena, tan chililín y estreñida de los ojos; rarísimo sacarle una sonrisa, y si se da, ruegas del susto que se acabe lo más pronto posible. No llora, pero te das cuenta si está molesta porque te clava las pupilas, y te sientes pequeño, como un pedazo de mierda. Y así, pasa todo el día fruncida como si le doliera la postura  (de momento a uno de mirarla), y de un cabezazo te pegara los cuernos. Yo que la abrazo a ver si se le rosean los cachetes, pero chilla, chilla y se mora como si te maldijera y si fueras hielo tratando de quebrarla a besos. Se le pega el pelo a la frente y se esconde. A veces pienso que se va a tomar respiros en las esquinas de la casa, a pensar como salirse de su cuerpo o acomodarse en la piel.

The little man

The little man with the big Shadow prays that his skin is not his weakest wall. You see,      he's almost done destroying everything else,         Been         changing clothes for bigger, shinier, colorful, scary jackets (and just so his reflection is sober) the topperest hats he wore; he designed (oh don't you know?) every big shadow worn (out) by little men need at least someone to fear him (oh!) and shoes with    heals, of course.

Frutal caribeño I

Se ha hecho dulce hilar mariposas. Las puestas de luna, y asenso del día cobijan la oscuridad: ya no importa si importa, lo sensible es pagano, insulso, poco comerciable. Ah, pero el filo de un puñado de angustias, el recreo del golpe; agradecemos penínsulos las muestras de encogimiento. Yo estoy cansada de sentarme a esperar si te veo, si lograste cruzar la puta calle sin derramarte. Y cada espalda es mula o torso o muralla; y sobrevivir es una hazaña admirable en lo grueso de la carne, y a veces, del cansancio cerramos los ojos rogando despertar, y por dentro nos hincan las pestañas. (se desahucia a golpes el pecho) Aquí confianza es un mito cruel, y la hicieron los otros; y mirarte es un respiro imposible, pero es el único que queda. Acostumbrados al miedo, nos hace falta, nos entretiene buscar amigos en los edictos, eso es. Hay una necesidad hambrienta de acabar primero, de cerrar de pie. Así es tierno huir. (sonríen) Me harto. ...

T-III

Pasó el año. Las madrugadas en las montañas que quedan en Caimito son de película. T odo se pone en cámara lenta. Se define cada trazo de pastizal. Casi todas las mañanas llueve, pero en año nuevo es especial. A eso de las seis y veinte, seis y treinta y cinco, empieza una llovizna: una plancha de vapor frío fumigando las montañas. Los perros de Tiresias se estiran, bostezan aprovechando ese primer trago de agua fría para aflojarse las mandíbulas. Para ese entonces el viejo ya se está preparando el café, lleva rato despierto y se sienta, como todos los días, en el sillón del balcón, pone la radio y los perros le adornan (los seis que le quedan). Baja la radio. "Barrabás, te toca dormir adentro. No me fío de este chorro'e cabrones del pueblo" Barrabás termina el bostezo, y como que asiente. Sube la radio. Ahí mismo, tobías, que lleva una semana media ronco empieza a ladrar, y claro, los demás siguen, como pueden. Alguien llega. Tiresias se levanta del s...

A mi abuela

La asonancia de aquellos abrazos, siempre racionados (yo tuve algunos) y aquel ceño que fruncido descubría (o condenaba) a todo aquel que iluso tratase de engañarla. ¿Entienden lo quebrado de una mano que señala su tristeza? ¿Saben perdonar (de verdad) a quién nunca quiso darse por entendida?  Hacía falta la distancia (y cuánta) hay cosas que no pudo evitar la soledad; El deterioro de un cuerpo en inercia, los llantos de la noche, el frío en los huesos, el agua, la ausencia de sueños, puñaladas de esófago; y faltaron los miles de ojos que hoy miran y esperan, y esperan. ¿Y los míos? Diles que nunca te faltaron los míos, ellos lo saben y se mienten por vergüenza . Diles lo mismo que en vida, que aunque hay muy pocos que merecen tu amor, hay. Lo siento, no me sale dibujarte frágil sin antes escribirte victoriosa, y no me sale tampoco repartir aureolas que se manchen de polvo cosmético. Yo sé que igual que tus abrazos tú, toda, eras racionada; por eso supe no condenarte cuándo decías qu...

De perros y pulgas

Algunos perros se enamoran de sus pulgas. Luego les da nostalgia perderlas, intoxicadas,  y hasta les dá un poco de pena rascarse con fuerza o morderse la piel  (por impulso). Algunos parásitos se vuelven muy queridos, muy condecendientes al cuerpo, y hasta muerden con más delicadeza que al principio  (y aunque muerden) hasta muerden menos.

Nada nos da alivio

Ay,  candelita.  A luces de tu piel la distacia parece mínima y quema. Aperendimos de lejos a batirte con el aire, a reprocharte las cenizas, como toda buena llaga. Deja. Las compresas de agua fría, la chuleta, las habichuelas congeladas; nada nos da alivio, y casi ni falta nos hacen las curitas, (pero no se botan, nunca se sabe).

I-b

La humedad ha destrozado los archivos. Lo siento tanto, pero no habrá nada que se pueda hacer. Después de un tiempo, el hongo y la polilla, harán que las letras y los antiguos sellos se desmerezcan, pierdan el color y comiencen a apestar. Así no se pueden leer. Además, quién (dentro de un parámetro de sana cordura) quería exponer sus pulmones por unas cuantas cuartillas, que no es para tanto. Es decir, si antes no valió la pena, ¿porqué ahora?. Ah, cabe señalar que algunas partes del texto estaban grapadas a la antigua, y ya usted sabe que eso, al menor roce o intento de despegar se desmorona. Además es imposible, los mecanismos para manejarlos están obsoletos, hay que romperlos, poniendo en riesgo la totalidad del documento. Hasta yo he intentado (con muchísima delicadeza) reconstruir un poco algunas páginas que se desprendieron, en fin que, con todo y mascarilla, guantes y gafas, partículas que han caído en mi ropa hicieron que la piel tuviera una reacción alérgica muy parecida a la ...

T-II

La mañana siguiente, Alejandro Montero y Sierra amaneció tieso al lado del colchón de Tiresias. Para darse cuenta, el ciego incrédulo golpeó varias veces el cuerpo del perro con sus pies. El perro estaba a medio mojar, la noche anterior había caido un aguacero de madre que había inundado la mitad de la casucha. Despues de aceptar que Alejandro no se levantaría a comer con los demás perros, Tiresias estuvo unos 4 minutos cagándosele en la madre al pueblo entero, y a la gente que sin merecerlo más seguía viva mientras su compañero, que lo más que había hecho en pecado había sido en su juventud morderle los tobillos a alguna vieja presentá, yacía tieso al lado de la cama. A Dios no lo iba a mencionar que ya había pasado tiempo en que se llevaban como mierda (desde la muerte de Coral, su esposa que murío de una pulmonía y ni asi se perdía las misas del pueblo). El viejo se levantó a buscar la pala y arrastró al perro por una pata, que ya no pesaba tanto. Los otros seis perros le brincaban ...

T-I

Habían unas catorce casas en lo que alcanzaba la vista. Divididas todas por caminos dispares, faltos de brea o cemento, sólo unas cuantas piedras enfilaban el camino y lo hacían terco de resbalarse. Había una casita tan lúgubre como las otras trece, con el techo de zinc, y las paredes hechas de tronco mal cortado. Allí vivía un viejo ciego que no se apartaba de sus siete perros sarnosos (colibrí, manchitas, tobías, tuerta, barrabás, gorda y Alejandro Montero-Sierra; este último, el más viejo, vivía dentro de la casa). Al viejo Tiresias no le gustaban las visitas, ni muchísimo la gente en general. Lo único que le gustaba hacer era hablar con los perros, salir a las 7 de la mañana al balconcito a tomarse un café puya y pelar a los vecinos a gritos cada ves que los escuchaba murmurar. El viejo tenía un periodiquito que se había inventado; escuchaba la radio todas las tardes, (con el que también sostenía discusiones interminables) y después se sentaba escribir una circular a maquinilla, ca...

Transcripción antígua del "si-no", arcaismo insistente. Fonología preocupante y preocupada. (Dele poreké ez imoporatante ler' d'spaxio)

Lachucar sechama teunomi. Chistema yi nocto, temblorum. Tua la noma-da tacta. Terconium, senctíate, senctíate tudo iltemp. Socroro, em silente yisía, um nomi falte nalengua tutaj. Ei meio. -AJL